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¿Es importante que los niños sientan confianza?

Parece una pregunta absurda, pero aunque sea difícil de creer, es infrecuente que los adultos nos detengamos de verdad a pensar en lo que los niños sienten con respecto a un entorno o circunstancia que viven continuamente y dentro del cual esperamos que se desarrollen.

Los solemos llevar a clase a diario, o los apuntamos en diferentes actividades puntuales, sin tener en cuenta que no sólo se trata de adquirir conocimientos académicos sobre una materia específica si no también, y para ellos quizá más importante, se trata de vivir una experiencia dentro de un espacio determinado y con una serie de personas que pueden causarles a ellos una buena o una mala impresión.

Evidentemente, como personas racionales no podemos estar revisando cada actividad ni cada rincón por el cual van a pasar nuestros hijos durante todos los minutos de sus días, pero si podemos constatar el nivel de confianza con el que acuden a los diferentes entornos por los que les toca transitar a lo largo de su jornada.

A nivel conceptual podríamos definir la confianza como la esperanza que se tiene de que algo suceda o funcione de la manera que esperábamos que lo hiciera y como niños se podría decir que esta sensación la experimentan de una forma más acentuada.

Ellos viven cada nuevo día con mucha expectación y ésta ha de ser positiva.

Es por esta razón, que conectar es uno de los pilares de nuestra metodología. Para nosotros es indispensable que todos nuestros facilitadores consigan crear un ambiente donde los niños se sientan cómodos de ser ellos mismos y quieran participar activamente en las actividades.

Es fundamental que los niños sientan que pueden expresarse con comodidad sin el temor a ser juzgados o examinados en todo momento, hemos de permitirles compartir abiertamente sus inquietudes, dudas y comentarios acerca de lo que interpretan o entienden sobre el mundo que les rodea.

A los niños se les ha de notar que van confiados. Que caminan con un alto grado de seguridad.

Desde el momento que llegamos a este mundo todos sentimos la necesidad de conectar con las cosas de nuestro alrededor, conocer el mundo y establecer vínculos con aquellos que participan activamente en nuestras vidas.

 

Para procurar un entorno de confianza adecuado en nuestras aulas, todos los facilitadores nos proponemos siempre:

  • Tener una mirada y escucha limpia, permitiendo que nuestros alumnos comuniquen sus dudas abiertamente sin enjuiciar negativamente su comprensión de las actividades. Reclamamos atención, pero para ello debemos ofrecer la nuestra cuando ellos la necesitan y cambiar la forma de comunicarnos si fuera necesario.
  • Demostrar comprensión en todo momento, escucharles con plena atención en sus palabras y su expresión corporal intentando ponernos en su lugar. Es importante que para poder comprenderlos con mas naturalidad seamos individualistas a la hora de escucharlos, esforzándonos por conocer el lenguaje que les resulta más cómodo a cada uno de ellos.

  • Hacer siempre juicios positivos de todo aquello que se va experimentando en el aula, permitir que los alumnos se den cuenta de sus errores por sí mismos y permitirles que los corrijan con sus propias herramientas motivándolos con hechos y palabras de ánimo. Permitirles que ellos mismos respondan sus propias dudas o las de sus compañeros les brinda seguridad y fomenta una buena autoestima.
  • Demostrar nuestra capacidad e integridad como personas y experiencia como educadores. Es importante como referentes intentar siempre ser nosotros mismos y expresarnos con la mayor naturalidad posible, mostrando tanto nuestras virtudes como vulnerabilidades para crear un vínculo de igualdad en aciertos y errores.

Los niños desean comunicarse, pero generalmente temen hacerlo. Por eso destacamos estas cuatro cualidades como las más importantes porque todas procuran que la otra persona, tanto niño como adulto se sienta cómoda al entablar una comunicación con nosotros.

Abrirnos a los demás ayuda a que suceda lo mismo al contrario. Mostrar nuestro interés en el individuo le ayuda a salir del caparazón en el que a veces nos metemos por vergüenza o miedo a ser juzgados.